Foto: Fridays for future València

 

“Soy ecologista porque soy cristiana. Creo que Dios ha creado el planeta y debemos cuidarlo porque le pertenece.

 

Recientemente asistimos a la mayor movilización social por la emergencia climática de la historia. Alrededor de 7 millones de personas salieron a la calle entre el 20 y 27 de septiembre para reclamar una respuesta ante la crisis climática que vivimos. En España más de 150 localidades se unieron a esta movilización promovida por #FridaysForFuture, que tiene su inicio en agosto de 2018 cuando Greta Thunberg se sentó frente al parlamento sueco para reclamar a los políticos que hiciesen algo.

Abigail Bravo, una estudiante de GBU en Valencia, lleva meses implicada con el movimiento Fridays For Future en su ciudad y nos explica que es una iniciativa comenzada por estudiantes al que se ha ido sumando todo tipo de personas que sienten carga por la situación medioambiental. El objetivo principal es llamar la atención de la sociedad, los políticos y las empresas sobre el presente y futuro del planeta.

En su caso, ha decidido involucrarse en el cuidado de la creación como resultado natural de una serie de sucesos que han ido apuntando en esa dirección. Ella comenta como «durante un tiempo, el tema salía en conversaciones de amigos que también están involucrados en el cuidado de la creación de algún modo. También coincidió que en conferencias, devocionales, etc., encontraba textos bíblicos que hablaban de la relación que mantiene Dios con su creación y lo importante que es para él. En especial, estudiamos el libro de Jonás en las conferencias “Presence” de IFES hace dos años, y me quedé sorprendida de ver cómo Dios se relaciona con los animales y cómo se preocupa por estos (Jo. 1:17, 4:7, 4:11). Me parece que Dios ha sido el que ha ido guiando todo este proceso y que lo sigue haciendo. A todo esto se sumó la lectura de información, artículos, noticias y demás que me hicieron ver las consecuencias de mi estilo de vida en mi entorno».

Después de darme cuenta de lo importante que es la creación para Dios, lo único que podía hacer era involucrarme en el cuidado de la creación de algún modo.

 

                                                     Foto: Fridays for future València

 

En este camino del cuidado del planeta ella ha ido tomando diferentes medidas para que su estilo de vida ayudase a proteger el medioambiente: no comer carne, reducir el plástico y los productos de un solo uso, comprar menos cosas que no necesita y buscar productos de mejor calidad, que se puedan reparar. “La elección de tiendas también es importante: ir al zapatero, al frutero o al mercado del barrio implica, probablemente, comprar un producto de proximidad, y de paso fomentar la economía local y dar testimonio a nuestros vecinos”. “Pero en realidad, las medidas que he podido tomar son solo un reflejo de un cambio más profundo que Dios ha ido trabajando poco a poco. Temas como llevar una vida sencilla, la mayordomía del dinero o el deber de actuar justamente están íntimamente ligados al ecologismo. Creo que es necesario que todas las acciones que llevemos a cabo estén sustentadas por una reflexión, porque, al fin y al cabo, cuidar la creación conlleva un esfuerzo personal y, si no queremos frustrarnos, debemos entender bien por qué hacemos lo que hacemos.

Es fácil sentirnos abrumados cuando miramos a nuestro alrededor y vemos cómo sufre la creación, siendo nosotros tan pequeños. Muchas veces no sabes por dónde empezar, qué puedes hacer, qué tienes que cambiar. En mi experiencia, he aprendido que Dios es bueno y que a él le importa que cada uno de nosotros seamos fieles en el lugar donde nos ha puesto. Pensar eso me da tranquilidad para no angustiarme, porque sé que todo está bajo el control de Dios”.

También le preguntamos qué echa en falta en las iglesias con respecto a temas medioambientales y apunta a tres aspectos que deberíamos tener en cuenta:

“Creo que nos falta entender la trascendencia del daño que hemos causado a la creación. Como humanos, no sentimos carga por el desastre ambiental que provocamos a la Tierra en el momento en el que nos rebelamos contra Dios. Es Jesús quien tuvo que venir a restaurar la creación a nivel universal, como dice Romanos 8:20-22. Y es él también el que restaura nuestra relación con la creación.

También echo de menos más sensibilidad en la Iglesia hacia la creación. Gn 2:15 nos habla de la responsabilidad que tenemos los seres humanos de ser mayordomos de aquello que le pertenece a él. Es una responsabilidad, pero también un privilegio el poder vivir en un planeta tan precioso, creado directamente por el Dios del cosmos.

La idea de Dios como creador implica que mantiene a su creación, aprecia su belleza y se relaciona con ella. En la Biblia vemos cómo las personas y Dios mismo se relacionan con la naturaleza, y creo que es algo que nos estamos perdiendo. Supongo que el hecho de vivir en grandes ciudades nos ha apartado un poco de ver esta naturaleza en nuestra vida y apreciarla, pero Dios puso a Adán y Eva en el Edén para que convivieran con los animales, insectos y plantas, y me parece bonito pensar que, como cristianos, podemos tener un entendimiento más profundo de lo que significa relacionarse con la creación y disfrutar de ella.

Por último, creo que los cristianos tenemos que hacernos autocrítica con el movimiento ecologista. No estamos denunciando públicamente la situación medioambiental, de hecho, estamos dejando que otras personas se encarguen de ello, y a veces ni las apoyamos. Necesitamos mucha oración para que Dios nos muestre cómo podemos impactar la sociedad en la que vivimos en relación al ecologismo. La urgencia del problema merece que nos movilicemos de manera visible, como hicieron William Wilberforce o Martin Luther King Jr. con otros temas igual de importantes. De este modo, podremos comunicar a nuestra sociedad que Dios es soberano de todo, que se preocupa por su creación y que es fiel a su obra”.

Estamos viendo cómo la iniciativa en este movimiento la está llevando gente joven. Le preguntamos por qué su generación está más preocupada por estos temas que generaciones anteriores. “Nos hemos dado cuenta de que, si seguimos así, según los científicos la vida será inviable para 2050. Como cristiana, creo que no es demasiado tarde y que Dios sigue teniendo el control, pero es por eso mismo que debemos estar activos y procurar un cambio a nivel personal, social e internacional”.

Y por último, hablamos con ella de los desafíos a la hora de cuidar el planeta. “Creo que el mayor desafío o batalla se libra en el corazón de cada persona. Es Dios quien convence de pecado, quien quita la venda de los ojos para que veamos el daño que estamos causando a su creación, pero para ello hay que dejarse moldear por él y ver desfilar nuestro pecado ante nuestros ojos, y eso siempre es duro.

Como sociedad, necesitamos un cambio de paradigma tan profundo, que si las personas no conocen a Dios va a ser imposible llevarlo a cabo. También, como cristianos, es un desafío compartir el evangelio como la única salvación del planeta, ya que no estamos muy familiarizados con este tema.

El individualismo es una amenaza en este aspecto. Si dejamos de lado nuestro beneficio y deseos propios podremos trabajar por el bien común, mirando para que todas las personas y seres vivos tengan un entorno digno en el que desarrollarse, y así poder trabajar todos juntos para cuidar y apreciar la creación de Dios como se merece”.

 

Si quieres seguir profundizando en este tema, te comentamos tres libros que te pueden ayudar: Una vida justa y sencilla de Ruth Valerio, Sabios con el planeta de Dave Bookless y Ecología y cambio climático de Miguel J. Wickham Redman y Terence-Pablo Wickham Ferrier.