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La religión cada vez resulta más irrelevante a la hora de llevar una vida buena y hacer un mundo mejor.

 

Una biografía de John Stott muestra que la gran cantidad de conversiones que los misioneros universitarios británicos vieron en los años 1940 y 1950 disminuyó de manera considerable en la década de 1960 y posteriormente. Después de la Segunda Guerra Mundial, el secularismo que en gran parte se había limitado a las élites intelectuales europeas durante doscientos años, finalmente se expandió entre la población en general, sobre todo entre aquellos que habían ido a la universidad. Sus componentes incluían la revolución sexual, así como varios movimientos de liberación que hacían hincapié en la autonomía del individuo. La crítica marxista del poder social cautivó la imaginación de muchos estudiantes. La religión en general y el cristianismo en particular se vieron comprometidos por su participación en estructuras sociales históricas e injustas. Consideraron la religión como un obstáculo para el progreso humano y el descubrimiento científico. En décadas más recientes, sobre todo en Europa y Gran Bretaña, la religión cada vez resulta más irrelevante a la hora de llevar una vida buena y hacer un mundo mejor. No obstante, los movimientos estudiantiles cristianos continuaron creciendo e incluso prosperaron en diversas partes del mundo occidental hasta finales del siglo XX.

            Sin embargo, algunos creen que la universidad puede estar entrando en una nueva era de oposición al ministerio estudiantil y, en concreto, a la evangelización. Al sopesar lo que parece ser el comienzo de un cambio o una nueva tendencia, siempre es difícil saber si será localizado y temporal o generalizado y duradero. Sin embargo, en la elite estadounidense en particular, las universidades y los estudiantes son cada vez más sensibles: están traumatizados e indignados con puntos de vista opuestos a los suyos.

 

Protección vengativa

            Han iniciado un gran movimiento para controlar lo que se habla en el campus y para castigar cualquier declaración que se considere como intolerante o discriminatoria. Ahora definen declaración discriminatoria como aquella que ofende al oyente y que se percibe como una violación de su dignidad e identidad. Por lo tanto, en contraste con épocas anteriores, los estudiantes exigen ya no solo un desacuerdo civilizado y respetuoso sino un reconocimiento íntegro y una afirmación completa. Tanto los administrados de la universidad, así como las redes sociales deben castigar cualquier incumplimiento de proporcionar un ambiente que mantenga la dignidad “a salvo”. Don Carson exploró esta tendencia en su libro de 2013, The Intolerance of Tolerance [La intolerancia de la tolerancia], pero se ha acentuado casi exponencialmente, incluso en los últimos tres años, en lo que ahora se llama “protección vengativa”.

            Este nuevo ambiente considera que las verdades absolutas del cristianismo, sin importar con cuanto cuidado y cariño las expresemos, son una violación de la dignidad y la identidad de otros. En un artículo del New York Times titulado “In College and Hiding From Scary Ideas” [En la universidad, a salvo de las ideas que dan miedo], Judith Shulevitz aborda la creencia de que las universidades deben mantener a los estudiantes a salvo de puntos de vista alarmantes y, por tanto, de la angustia psicológica. Argumenta que “aunque asegurarse de que los debates universitarios sean ‘seguros’ puede parecer bueno para los más hipersensibles, es perjudicial para ellos y para todos”. Protegidos frente a ideas desconocidas, los estudiantes nunca aprenderán la disciplina de ver el mundo a través de los ojos de alguien con un punto de vista muy diferente a ellos. No podrán procesar nuevos argumentos e ideas porque su entorno intelectual ha estado tan sumamente controlado.

            Las razones de este cambio son complejas. Una de ellas es que ha surgido un planteamiento de la identidad personal que ya no mira hacia fuera, a las normas, los compromisos y las comunidades, sino que es completamente interno e individualista. Charles Taylor, en The Malaise of Modernity [El malestar de la modernidad] explica que este tipo de identidad es frágil, necesita afirmación constante e, de forma irónica, requiere más reconocimiento y apoyo de la opinión popular. En el pasado, todas las concepciones de identidad implicaban conectarse a alguna verdad exterior más grande que tú. La visión contemporánea, sin embargo, es que no necesitamos otra “verdad” más que la nuestra. Consideran que la religión de cualquier tipo destruye el viaje interior libre necesario para que seamos “fieles a uno mismo”.

            En la década de 1940, despreciaban tranquilamente al Dr. Lloyd-Jones por ser un ignorante. Hoy es más probable que el mensaje del evangelio se tome en serio como una amenaza a la libertad y a la plena expresión de la identidad personal.

 

Relativismo moral

            Otra causa de la nueva “tolerancia armada” es el complicado relativismo moral de nuestra cultura, que está vinculado con la identidad individualista. Ahora se cree que la moralidad no tiene fundamento, excepto en los sentimientos personales de una persona. No existe un origen moral fuera del yo a la que dos personas puedan recurrir para llegar a un acuerdo sobre un tema ético. El sociólogo Christian Smith muestra cómo esto hace que los adultos estadounidenses jóvenes sean básicamente esquizofrénicos. Por un lado, a menudo son moralistas, con convicciones rotundas de que algunas prácticas están muy, muy mal. Pero casi al mismo tiempo dirán que no hay absolutos morales, que cada uno debe determinar lo que está bien o lo que está mal para ellos. Esta significativa incapacidad para expresarse hace que sea difícil para muchos estudiantes concebir algo así como una “búsqueda de la verdad”, la cual caracterizó a la universidad en otro tiempo. También significa que los estudiantes pueden (1) denunciar a un conferenciante por sus creencias y puntos de vista, pero (2) después decir a aquellos que los critican que “Nadie tiene derecho a decirle a otro lo que está mal” y después de hacer ambas cosas, (3) no ver ninguna incoherencia en absoluto. Si lo denominamos obstáculo para la conversación, estamos siendo muy suaves. ¿Cómo consigue un evangelista cristiano la tracción, no solo con relativistas morales, sino con relativistas morales moralistas?

 

Tendencias tecnológicas

            Otras causas del ambiente actual se encuentran en las tendencias de la cultura popular y la tecnología, como lo detallaron Jonathan Haidt y algunos otros. Tal vez la influencia más obvia y generalizada sea Internet. Los estudiantes universitarios de hoy son los primeros en pasar toda su adolescencia en las redes sociales y se han llevado a cabo muchos análisis sobre sus efectos. Los estudios han demostrado que las redes sociales hacen que las relaciones sean controlables, pero también (y por esa) mucho más “pobres” y más superficiales. Además, en comparación, los encuentros cara a cara parecen mucho más amenazantes. Por ejemplo, ¿cómo “bloqueas” a alguien que te está criticando, pero que está físicamente delante a ti? No puedes. Es por eso que las partes afectadas tienen sus intercambios en línea, donde pueden presionar el botón para finalizar con ello sin más. Sin embargo, antes de presionar el botón, la comunicación por Internet hace posible un tipo de insultos hirientes y declaraciones inhumanas que muy pocas personas serían capaces de decirle a nadie a la cara.

            En resumen, los críticos demuestran que Internet ha provocado una especie de analfabetismo respecto a la resolución de conflictos y las relaciones estables en general. Resulta aún más extraño para el usuario de Internet, por todas las razones que acabamos de citar, la verdadera idea del perdón. Haidt y otros muestran cómo, por todos estos motivos, Internet ha favorecido la intolerancia que parece tolerante, la ruptura del diálogo en el campus y la creciente indignación y hostilidad hacia la religión y hacia la comprensión tradicional de una vida humana virtuosa.

 

 

Extracto del libro: Servir a la iglesia, alcanzar al mundo.

Pertenece al capítulo: Las misiones y el evangelismo actuales en la universidad escrito por Tim Keller y Michael Keller 

Traducción: Ruth Cook

Imagen: Unsplash