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En el catolicismo medieval, Dios está en el monasterio y no en el mercado. Dios está en la Misa y no en el hogar. Mientras más acentúes lo sagrado de los lugares sagrados, menos será Dios una característica de la vida cotidiana. No es que él esté ausente. Sigue ahí para ver y contar tus pecados. Pero en el catolicismo medieval Dios era una realidad distante y prohibida. Se accedía a él, si era posible, a través de la mediación de los santos. Nunca eras aceptable para él, por lo que no podías pensar en acercarte a él directamente, ni querrías hacerlo.

La justificación por fe significa que Dios no es distante, porque Cristo nos lleva a una relación con él. Ahora, él es cercano y acogedor. Esto desemboca en un poderoso sentido de que vives la vida coram Deo, “delante de Dios”. Esta es una expresión importante para Lutero. En Calvino también hay un fuerte sentido de la presencia de Dios. Calvino dijo que en toda dimensión de la vida humana los seres humanos tienen “negocios con Dios”, negotium cum Deo.

Aún hoy los cristianos pueden dar la impresión de que el verdadero trabajo cristiano es el realizado para una iglesia o para algún ministerio paraeclesial. O pensamos que necesitamos ir a un retiro para ser realmente espirituales. El propio término “retirada” lo dice todo. Sugiere que el pensamiento monástico sigue merodeando en nuestras mentes. O medimos el compromiso con Cristo en términos de compromiso con las actividades de nuestra iglesia. Se supone que la persona que asiste habitualmente a la reunión de oración y sirve en el Consejo de una iglesia es un cristiano fuerte. Los que tienen menos tiempo para estas cosas porque están demasiado ocupados en el trabajo o sirviendo en la comunidad parecen fallar como discípulos. Hacemos del llamamiento a seguir a Cristo un llamamiento a participar en los programas de la iglesia. Y entonces nos preguntamos por qué somos tan pobres a la hora de alcanzar a los perdidos o impactar a nuestra cultura. (…)

Dios es el Dios de toda la creación. Es el Dios de los lunes por la mañana, así como de los domingos por la mañana. Hizo a la humanidad a su imagen para que reflejara su gloria en su mundo. En el evangelio somos restaurados a nuestra verdadera humanidad. Somos renovados de forma que podamos reflejar de nuevo la gloria de Dios en el mundo de Dios. La afirmación de la vida cotidiana por parte de la Reforma es una invitación a considerar toda la tierra como el teatro de la gloria de Dios y ver nuestras vidas como oportunidades de reflejar esa gloria.

Fragmento adaptado de ¿Por qué la Reforma aún importa? Conociendo el pasado, para reflexionar sobre el presente y dar forma al futuro. Tim Chester y Michael Reeves. Publicaciones Andamio.